1. Tu madre y yo somos unas cerdas, cariño.


    Datte: 03/04/2020, Catégories: Hardcore, Mature, BDSM / Fétichisme

    Tu madre y yo somos unas cerdas, cariño.(Tu madre y yo somos unas cerdas, cariño. Es lo que le dijo Adriana a su novio mientras espiaban a la madre de éste, presenciando como se liaba con Curro, su cuñado, hermano de su marido. Muchas dosis de i****to, homosexualidad y dominación en esta trepidante historia de una familia muy pervertida, donde la madre y la novia de Emanuel se convierten en unas cerdas)Curro se iba a vivir con su hermano Mario. Curro tenía 55 años, llevaba viudo desde hacía diez años, sin hijos, viviendo solo, casi siempre desempleado, sin apenas ingresos, por lo que el banco le había embargado la vivienda por los continuos impagos y le había puesto de patitas en la calle. Por caridad, su hermano Mario le había recogido a pesar de las reticencias de su familia, y eso que Curro se llevaba bien con Elisa, su cuñada, y con Emanuel, su sobrino. Había sido la oveja negra de la familia. Desde que perdió a su mujer, se había convertido en una cabeza loca sin luces, en un adicto al juego, sobre todo a las máquinas tragaperras, a las juergas nocturnas y los clubes de alterne, así hasta llegar a un punto sin retorno como había sido el desahucio. Físicamente, daba asco verlo por su increíble dejadez. Medía más de metro ochenta, pero estaba excesivamente gordo, con una barriga muy redonda y abultada, con una barba negra muy tupida que le cubría toda la cara y una cabellera cuadrada casi siempre rapada. Mario y Elisa eran un matrimonio normal y corriente de treinta y seis ...
    ... años cada uno que vivía felizmente en un tercero de noventa metros cuadrados, en un barrio obrero de la periferia de Madrid. Mario trabajaba como mecánico en una fábrica y Elisa era ama de casa. Ganaban lo suficiente como para ir tirando sin muchos inconvenientes, con su hipoteca, sus tarjetas de crédito, sus préstamos, pero mensualmente desahogados. Estaban enamorados el uno del otro, se conocían desde que eran jóvenes, habían sido fieles el uno al otro y sus relaciones sexuales eran bastante frecuentes y algunas veces divertidas, por lo que ni uno ni otro podía quejarse de la típica monotonía, salvo el hecho de hacerlo siempre con la misma persona. Tenían un hijo, Emanuel, que acababa de cumplir los dieciocho y estudiaba formación profesional. El chico tenía novia formal, una chica muy guapa llamada Adriana, con la que llevaba saliendo tres años. Corría el mes de agosto cuando Curro se trasladó al piso de su hermano cargado de dos maletas y numerosos enseres. El piso constaba de tres habitaciones, la de matrimonio, la de Emanuel y una que usaban como cuarto trastero, por lo que decidieron que se instalara en el cuarto de su sobrino, donde había dos camas separadas por una mesita de noche. Tanto Elisa como su hijo Emanuel esperaban que la visita de Curro fuese temporal, aunque de alguna manera les daba pena de que se hubiese quedado en la calle, al fin y al cabo no era mala gente y en otros tiempos siempre estuvo dispuesto a hacerles cualquier favor. Cuando Elisa y Mario se ...
«1234...57»